Memorias de un Marielito

En exclusiva para Satiraopinion

Entrevista a Raúl Figueroa
Por Satiraopinion

Fotos internet y New Herald de Miami


Raúl Figueroa
En determinado momento de su vida la intelectual colombiana Piedad Bonett escribió de forma magistral estas reflexiones; “No hay cicatriz, por brutal que parezca, que no encierre belleza”. Las cicatrices, pues, son las costuras de la memoria, un remate imperfecto que nos sana…

La enorme cicatriz del Mariel sigue todavía hoy visible en el rostro de la nación cubana. Dividió e influyó enormemente en el país no solo políticamente sino también social y culturalmente.

Cuando se toca el tema “Mariel” quedan muchas aristas por decir y estudiar. Existen múltiples vacíos sobre este hecho y al unísono, diferentes versiones de cómo y por qué ocurrió. Mientras más se lee y estudia más se quiere conocer.

Nuestra intención no es acotar una teoría ni siquiera realizar un ejercicio histórico. Solo conversar con un protagonista de este evento.

Un hecho cualifica la historia de un país y el llamado Éxodo del Mariel sigue ahí vigente. Más de 125 000 cubanos fueron sus protagonistas.

RAÚL FIGUEROA

Hablarle es escuchar a una persona a la que le gusta esta forma de comunicación. Pero no se da fácil. Persona muy parca, lúcida y con los recuerdos frescos aún, valora mucho con quién compartirlos. Amante del arte y artista él mismo (joyero y orfebre) se deleita conversando sobre el tema.

Su casa es un pequeño santuario de obras artísticas, sobre todo de las bellas artes. Siempre resulta un disfrute visitarlo y conversar y conversar. Trasmite paz y sabiduría. Esto tal vez él mismo no lo sepa o no lo quiera saber. Modesto y humilde se entusiasma al hablar de su adolescencia en Cuba.Y cuenta…

SATIRAOPINION, LA REVISTA ONLINE, se siente agradecida por esta oportunidad para entrevistarlo y conversar sobre un tema que si bien ha sido ya muy tratado, siempre es y será tema obligado en la historia de la Cuba post Revolución.

Satiraopinion:

Antes de entrar de lleno en el tema de esta entrevista, desearía te refirieras a tu vida antes de salir de Cuba por el Mariel, el entorno familiar, estudios, trabajo... Creo es importante abordar estos temas para poder entender los restantes cuestionamientos.

Raúl Figueroa:

Nací en la Maternidad Obrera de Santa Clara en el año 1951 y mi pobre madre murió al yo nacer, de lo que en aquella época se llamaba un ataque de Clancia (presión alta) y yo soy el fruto de una relación extramatrimonial de mi padre, quien ya era casado y con familia.

Debido a la prematura muerte de mi mama mi padre por mediación de un amigo que tenía una hermana, consiguió que esta y su esposo aceptaran criarme, por lo cual me llevó hasta esa familia. Allí fui aceptado como un hijo más y tuve una infancia feliz en las afueras de un pueblito llamado La Esperanza.

Mis padres adoptivos fueron una bendición para mí y allí, en una casa de campo, viví rodeado de gran cariño y amor. Cuando mi padre biológico me entregó a esas personas, mi nueva madre dijo;-Qué casualidad, anoche soñé que tendría otro hijo.

Ahí se trabajaba para comer. Vivíamos en un bohío con piso de tierra y tenía dos hermanos mayores. El menor actualmente tiene 90 años y lo visito todos los años una o dos veces, sigue allí, en La Esperanza, cerca de Santa Clara.

Más o menos estando yo en segundo o tercer grado, nos mudamos para el pueblo pues padecía de ataques de asma y el médico recomendó mi traslado. Ahí, en el pueblo, culminé mis estudios primarios, pero por supuesto, los ataques de asma no desaparecieron.

Vino el año 1959 y con él la Revolución y el campo se fue denigrando. La vida se hizo más dura al campesinado aunque se diga lo contrario El campesino ya no sembraba o trabajaba igual. Se perdieron los incentivos. Vino la lucha en el Escambray y la invasión de Bahía de Cochinos, pero todos conocemos esa historia y como tal a la Esperanza no llegó la guerra. Allí viví hasta los 14 años.

Para la Habana me trasladé en el año 1965, a vivir al barrio de Santos Suárez. En la calle D´estrampes y Libertad número 164. Allá me reuní con mi padre biológico, hermana, entre otros. Comencé a asistir a la escuela Simón Bolívar que antiguamente había sido La Academia Valmaña, hasta terminar la enseñanza secundaria básica.

Es importante conocer que mi padre, después del golpe de estado de Fulgencio Batista en 1952, emigró a New York con su familia (había pertenecido al Partido Ortodoxo) y años después cuando triunfó Fidel Castro, regresó a Cuba. Mi hermana biológica, entre ellos, con la cual viví hasta mi salida por el Mariel. Ella tenía dos hijos que habían nacido en Estados Unidos y por esta razón recibían ayuda económica. Como muchos otros, tomaron el camino de vuelta y volvieron a emigrar en 1979. Yo permanecí en Cuba con mi hermana, quien para esa fecha ya tenía una relación amorosa con un hombre diferente al padre de sus hijos y no quiso emigrar otra vez.

Después de terminar la secundaria, comienzo a trabajar en la fábrica de chocolates La Estrella, que fue el único puesto aceptable para mí en las oficinas de empleo del Estado. Los otros que me ofertaron fueron enterrador, cazador de cocodrilos, etc.y yo, al unísono, estudiaba en la noche en la Facultad Obrero Campesina que estaba ubicada en el preuniversitario de la Víbora, Rene O Reyné. Ahí complete mis estudios de bachiller.

Hice la prematrícula para la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana pero, en la entrevista que realizaban a todos los aspirantes, respondí que yo profesaba la religión católica y no fui aceptado como estudiante, todo esto al margen de haber aprobado los exámenes.

Este hecho me desilusionó mucho, unido a otro evento posterior, ocurrido en el ICRT cuando hicieron una convocatoria pública en busca de guionistas para un programa infantil y fui seleccionado y rechazado por la misma causa: profesar la religión católica.

Esa fue, creo yo, la gota que colmó el vaso y me hizo pensar en abandonar el país de cualquier manera. Ya no veía para mí un espacio ni tenía ilusiones dentro de esa sociedad. Y no creo que mi caso extrañe ni sea el único. Lo que me ocurrió a mí era algo común en esa época en Cuba.

Satiraopinion:

¿Cómo fue tu paso en esa odisea para la nación cubana que fue el éxodo por el Mariel? Nos gustaría contaras todo este proceso de manera personal hasta que fuiste embarcado rumbo a Estados Unidos.

Raúl Figueroa:

Mariel fue y es un referendo político-social. La memoria más prominente que yo tengo, fueron los famosos mítines de repudio contra las personas que pretendían abandonar el país. Una página negra en la conciencia cubana. Presencié varios y casualmente el día que fueron a donde yo residía a darme mi famoso mitin, ya yo estaba en Estados Unidos. Había salido de Cuba días antes. No obstante lo recibió mi hermana que no debía ni tenía ningún vínculo con mi salida del país, al no ser el haberlo sabido. En ese mitin de repudio le fracturaron a mi hermana varias costillas.

Mis recuerdos de aquellos días que eran de vértigo, siguen tan claros como si los hechos hubieran ocurrido ayer. En la Habana, por esos días, se rumoraban muchas bolas; que si habían abierto tal embajada, que si estaban aceptando en la estación de policía para emigrar como escoria, etc. Muchas ciertas y otras no. Íbamos de un lugar a otro tratando de buscar la vía de escape. Recuerdo que fueron días muy difíciles y por una casualidad del destino conseguí contactar con una persona que me resolvió mi salida. De ahí mi traslado hasta Mariel ya fue como el de todos los que emigramos por esa vía.

Satiraopinion:

¿Cómo fue la travesía?

Raúl Figueroa:

Partimos del puerto del Mariel al atardecer del 17 de mayo de1980. En un barco pesquero de fuerte apariencia y con un capitán que según mi criterio, conocía bien su oficio. Encontré entre los que partíamos, a amigos de mi barrio y conocidos de los lugares comunes de la ciudad. En mi caso me senté en la cubierta. En la proa, donde ya no había un solo espacio vacío. Las luces de La Habana se fueron desvaneciendo dolorosamente en la distancia. Enfrentamos la corriente del Golfo, la navegación se tornó violenta y todos vomitamos hasta purgar nuestros pasado y presente. Estoy convencido que en los días que duró el éxodo, muchas embarcaciones naufragaron por el mal tiempo y lo sobrecargadas que iban. Tuvimos suerte nosotros y llegamos sanos y a salvo a Cayo Hueso al amanecer del siguiente día.

Satiraopinion:

Es sabido que el gobierno cubano incluyó delincuentes, enfermos mentales, entre los inmigrantes que salieron de Cuba en esa oportunidad. ¿Tuviste constancia de ello? Explicarías a los lectores tu experiencia sobre este punto.

Raúl Figueroa:

El impacto social y cultural del éxodo por Mariel en los EU y específicamente en la Florida fue y ha sido beneficioso. Hay documentación y estudios que así lo afirman. De alrededor de los 125 000 emigrantes, la gran mayoría eran personas trabajadoras y talentosas. Un pequeño por ciento, enfermos mentales, delincuentes y desajustados que ciertamente fueron insertados por el régimen cubano.

Satiraopinion:

¿A tu llegada a Estados Unidos como fue tu experiencia inicial? ¿Te fue difícil adaptarte?

Raúl Figueroa:

Mi adaptación fue casi inmediata. En Miami tenía parte de mi familia y era el lugar donde yo deseaba estar. En un inicio fui enviado a Fort Chaffee, que es una base de entrenamiento del Army en Arkansas. Ahí permanecí durante un tiempo hasta mi retorno a Miami. Mi padre me recogió en el aeropuerto y ya al otro día salí a buscar trabajo y lo conseguí en el acto. Comencé a laborar en una tienda de ropa que se encontraba en la planta baja de un edificio en el downtown de esta ciudad. Esta tienda hizo posible que paulatinamente fuera relacionándome con muchas personas y estableciendo amistades importantes. Al tiempo, pasé -por medio de estas relaciones- a trabajar con un exportador e importador de relojes y ya, después de adquirir experiencia y trabajar en otros negocios de la misma rama, abrí mi propia compañía y pude comenzar mi proyecto de joyería. Ahora se resume en pocas líneas pero fueron años de duro trabajo. También en la noche estudiaba el idioma inglés. Fue duro al principio, pero valió la pena.

Satiraopinion:

¿En alguna oportunidad fuiste discriminado en este país por ser “marielito”?

Raúl Figueroa:

¿Me preguntas si me discriminaron? No, no tengo memoria de haberlo sido. Recuerdo muchos norteamericanos amistosos, hospitalarios con deseos de ayudarnos, y sé que todos los inmigrantes requieren de un período de adaptación. Eso es inevitable.

Satiraopinion:

¿Has regresado a Cuba posteriormente? ¿Qué has experimentado?

Raúl Figueroa:

Mi opinión sobre el regreso a Cuba es simple y diáfana: todo el que desee regresar debe tener el derecho de hacerlo. Últimamente Cuba ha demostrado flexibilidad sobre este espinoso tema.

Satiraopinion:

¿Cómo vives actualmente? ¿Te consideras realizado en lo personal y lo profesional?

Raúl Figueroa:

En lo personal no me encaja vanagloriarme sobre mis logros. Soy modesto. Me conoces y sabes de mi forma de vivir. Debo decirte que tengo una excelente familia, tomé clases en Miami Dade College, fundé como te expliqué anteriormente una compañía en 1991, que hoy día sigue activa, y sí, me siento realizado.

Satiraopinion:

Sabemos que eres un amante del arte y te gusta coleccionar obras. ¿Qué significa para ti reunir particularmente creaciones de artistas cubanos?

Raúl Figueroa:

El disfrute de las artes visuales, me llegó por un profesor cuando cursaba mi primer año de secundaria en la Simón Bolívar, en Santos Suárez. Este bendito señor al cual llamaban Pire (no sé qué quería decir ni el motivo del mote) fue un gigante amable y cariñoso que con inmensa paciencia nos provocó el amor por las artes visuales. Después, cuando ya tuve mucho más acceso a galerías de arte, pintores y cine se cementó mi pasión. Tengo una variada colección de pinturas, mayormente contemporánea, la cual disfruto mucho, en un refugio acogedor. A menudo me relajo contemplando un cuadro y le descubro nuevos detalles y lo aprecio más y aumenta mi respeto por el artista. Establezco un vínculo indescriptible. El artista cubano de la plástica tiene una creatividad y un color especial. Eso ha sido de siempre. Atesoro en mi colección un Víctor Manuel, entre otros grandes pintores, cuyas obras dan credibilidad a mi afirmación.

Satiraopinion:

¿Qué significado tiene para ti la palabra amistad?

Raúl Figueroa:

Amistad, es la unión cognitiva entre personas. Son los oídos atentos del amigo que te escucha. La pasión espontánea hacia otro ser humano sin intereses. Es aceptarse sin condiciones.

Satiraopinion:

¿De qué te ríes?

Raúl Figueroa:

No me río mucho en estos tiempos. Tengo tendencia hacia lo taciturno. Lo satírico me hace reír.

Satiraopinion:

¿Alguna anécdota de tu vida fuera de este tema que te gustaría contar como final de esta entrevista?

Raúl Figueroa:

¿Una anécdota personal? Estando en Cuba antes de mi salida, hice amistad con una joven de mi barrio y esta amistad se convirtió en una mutua atracción. Sus padres eran militantes del partido comunista y trabajaban para el ministerio de relaciones exteriores. Ella me pidió solicitara permiso para visitarla. Con enorme expectativa lo hice. Fue un domingo y me hicieron esperar largo rato antes de recibirme. Aparecieron sus padres con caras descompuestas. Sin previo saludo me miraron... y el padre me preguntó raudo si yo pertenecía a la UJC. Dije que no. La segunda pregunta fue: ¿En qué otra organización revolucionaria militaba?...Presentí el final...Susurré que en ninguna. El padre explotó y se tornó rojo. Los labios le temblaban. Le escuché decir que en su casa no entraban contrarrevolucionarios y que yo, aparentemente, lo era. La madre indicó la puerta de salida. Me marché atribulado. Mantuve relaciones amistosas y clandestinas con mi amiga.

Llegó el Mariel y abandoné mi país. Años después recibí una comunicación de mi amiga solicitándome unas medicinas para su papá que estaba muy enfermo. Pude ayudarla y logré enviarle los medicamentos. ¿Me pregunto si él supo de mi gesto? Tengo el temor que de haberlo sabido, las hubiera rechazado. Él fue lo que conocíamos en Cuba como un “cuadrado”. “El perfecto cuadrado”.


 

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