Bazares chinos o de todo como en botica

Por Rolando Díaz


Necesitaba uno de esos topes plásticos para evitar que las puertas estallaran al soplo violento de aire repentino que entra por mis ventanas; y fui a un “chino”. Un quitamanchas, porque comí, con tanto gusto, un rissotto de camarones y hongos que mi pullover (camiseta en España) comprado en las Rebajas al precio que realmente deberían tener siempre (somos tontos en eso de creernos LAS REBAJAS) se me manchó; fui a un “chino”. Unos palitos de tender; fui a un “chino”. Una tendedera para secar el pullover que me manché y lavé con el quitamanchas que compré en el “chino”; fui a un “chino”. Un tareco para poner los zapatos porque todos estaban debajo de la cama; fui a un “chino”. Una sombrilla para intentar no asarme en la playa, pero que te asas igual o más porque son de un plastiquito casi volátil, como papelito de China; fui a un “chino”. Una pieza de avión que mi hijo mayor (tengo cuatro) me pidió desde Miami, donde trabaja en una fábrica de piezas de alta precisión; fui a un “chino”. Un ventilador, porque me seguía quemando el calor valenciano; fui a un “chino”. Otro ventilador igual que el anterior porque me llegaron unos buenos amigos del País Vasco y no quería que sufrieran porque me caen muy bien y son mis ambias*; fui a un “chino”. Me faltaba un platero, no el de Juan Ramón Jiménez, si no esos de plástico blanco que yo llamo platero también, pero que son para escurrir los platos que friego esmeradamente con detergente que compro en el “chino”; fui a un “chino”….Un chino cayó en un pozo, pero las tripas no se hicieron agua porque compré una soga que le mandé a Cuba con un socio que se iba a pasar el verano (otro que le gusta asarse) y se las llevó a mi amiga Olguita, ella lanzó la soga a las profundidades y pudo sacar a mi amigo, el chino Richard, que se había caído mientras intentaba medir la profundidad del pozo en su casa en el Reparto Monterrey, en San Miguel del Padrón; fui a un “chino”.

*Ambia: Amigo(a) en cubano popular, de claro origen en las lenguas africanas que se mezclaron con el castellano en Cuba. Hay una pila de palabras que están absolutamente vivas, siendo asere (Quiñones en Dominicano popular) que también significa amigo, quizás la más popular en la Isla

 


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