Monólogo del Emperador

Por Mario Barros (Lenguaviva)


Parece que el calor del verano miamense le ha aguzado la creatividad a mi amigo Obdulio, porque hoy me ha traído un texto que no tiene desperdicio. Cualquier semejanza con la realidad casi que es pura coincidencia. Aquí se los dejo:

El emperador se levantó de su diván, miró por un segundo a la emperatriz, aún dormida, tomó la última uva que quedaba en la bandeja de metal y comenzó a mordisquearla. Comenzó a mordisquear la bandeja, porque detestaba las uvas. A continuación, se acercó al amplio ventanal, contempló la ciudad durante unos instantes y, luego de varios mordiscos más, habló:


 

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