AMICUS

El humor no cree en lágrimas

Por Wilfredo Torres


Nota introductoria:

En esta oportunidad quiero resaltar la vida y mis palabras también van en memoria de un gran amigo, caricaturista recién fallecido en la Habana, Cuba. No era famoso, creo yo, fuera de Cuba. Pero era tan grande como cualquier otro y su vida profesional fue fructífera y fértil

EL HUMOR NO CREE EN LÁGRIMAS

Para mi amigo Lázaro Fernández, el caricaturista cubano más serio del universo

Lázaro Fernández

Hubiera preferido recibir la noticia en un bar rodeado de borrachos divertidos y mujeres insinuantes y sexuales. Coño, pero no en una ciudad donde el culto al automóvil es más importante que la vida misma. Lugar donde no ves personas caminando o amantes amándose. Solo autos aullando y chillando como bestias enajenantes.

Ahí, en medio de ese caos,un día de julio, temprano en la mañana, leí la noticia; Lázaro Fernández el gran caricaturista cubano, había muerto.

Creo y no miento al decir que en ese momento mis recuerdos se reactivaron y remontaron a los inicios de la década de los años 70as.

Por esa época, el dedeté era una mezcla vaga de genios en embrión y de personajillos geniales que visitaban la redacción con el ánimo absoluto de publicar sus caricaturas o textos satíricos. Lázaro era uno de esos. Era él.

Siempre, desde que lo vi por primera vez, llegaba con su vestir recto y fino, peinado cuidadoso y su carpeta de dibujos bajo el brazo. A decir verdad, él era una anomalía entre nosotros. Sucios y casi sin dormir, pelúos y desgarbados al hablar y dibujar. Esa fue la simiente del dedeté y Lázaro estuvo ahí.

No me equivoco al decir que se ganó un puesto en la tal vez más importante publicación de humor post revolución cubana y defendió como pocos, un humor que para esos momentos a muchos les parecía inocuo y falto de compromiso.

Llegaba a nuestras mesas de dibujo y entregaba lo que traía, se reía un poco, contaba alguna anécdota corta e interesante y se marchaba tal y como había llegado. Eso se repetía quincena tras quincena. No cobraba colaboraciones. Muchos años fueron así.

Varias anécdotas afloran a mi memoria (ya un poco desgastada), vinculadas con Lázaro y quisiera compartir alguna.

Recuerdo una vez que se interrumpió la tirada del dedeté (para el que conozca del mundo editorial esto significa un caos) por un dibujo de Lázaro. Hubo que levantar ese dibujo para colocar otro. Una revolución en la redacción y talleres. Suerte que en sus inicios el suplemento se imprimía en monotipia y todo resultó bastante fácil de resolver. El dibujo en cuestión era de un pájaro que le decía a otro, refiriéndose a un huevo en un nido: “No lo puse, se me zafó” Tal vez con el tiempo que ha pasado y todo lo que ha llovido, hoy el dibujito en cuestión se publicaría sin reservas, pero eran otras épocas y momentos y el dibujo fue censurado por los directores de turno. Fue un día difícil para él y para nosotros, los que diseñábamos la publicación por ese entonces.

Creo y sé que él guardaba el ejemplar de marras (la edición que se censuró) con el orgullo del gladiador que se adentra en la historia.

Este tipo no era de este planeta. Su línea lo delataba. Con el tiempo, vi desarrollarse a todos en la publicación. Tomy, Manuel, Carlucho, Janer, Virgilio, entre otros. A Lázaro nunca lo vi dibujar y pienso que cuando realizó su primer dibujo capturó de una vez y para siempre su estilo. Nunca se sentó en una mesa de dibujo en la redacción y solo pedía incansablemente, cartulinas Bristol y -si se podía- un pomito de tinta. En ocasiones se llevaba bajo el mismo brazo en que trajo los dibujos alguna revista Mad, Hermano Lobo o Spilky, entre otras que el dedeté recibía mensualmente con gratuidad de parte de alguien al que nunca le pudimos descubrir su identidad. Un misterio más a resolver.

Sé que lo vamos a extrañar. No hay forma de que no sea así, pero no debemos llorar. Se nace y se muere. Es parte de este divertido espectáculo que es la vida y el humor no cree en lágrimas.

Soy agnóstico pero desearía que Dios, si existe y a su lado están los buenos, lleve a Lázaro a ocupar su espacio entre ellos. Entre los que sirven, los honestos incansables, los que son originales y ríen, pero saben llorar. Entre los que aman y los que cuentan historias divertidas a matarse.

Y repito: ahí debe estar Lázaro, con su elegancia y sobriedad, haciendo equilibrio en su delgada línea. Entre el blanco y el negro. Con su astucia, martillando con la pluma en las cabezas dela plutócratas mentales.

Bye, bye, hermano…por ahí nos vemos.

 


¿TIENE ALGO QUE DECIR? COMENTE

Nota: Este es un espacio de participación de los usuarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los internautas y no reflejan la opinión de Satiraopinion. Nos reservamos el derecho de eliminar discrecionalmente aquellos que se consideren no pertinentes.