Cuando la furia de los Placatanes imperaba sobre la faz de la Tierra

En exclusiva para Satiraopinion

Entrevista a Hernán H.
Por Satiraopinion


Hernán H.
No hay mucho qué añadir en esta introducción. Entrevistar a una persona de tan gran ingenio es un reto y la extensión en espacio debe corresponderse con la grandeza (valga la redundancia) del entrevistado.

Para Satiraopinion ha resultado extremadamente grato que este artista nos regale, con total amplitud y veracidad, las respuestas a preguntas que, en algunos casos, pudieran resultar invasivas a su persona.

A Hernán H. le tenemos que agradecer su amistad desinteresada y honesta. Una amistad de más de una vida…tal vez de tres o cuatro.

Gracias Gugu Mayor. Que el cosmos y sus planetas siempre giren como hasta ahora alrededor de tu tamaño cuerpo y que sigan fluyendo ideas y más ideas… Gracias
Primer ejemplar de Gugulandia - 1964

Satiraopinion:

Según tu percepción, ¿qué es un artista y cuál su papel en la sociedad actual?

Hernán H:

La araña diseña su tela; el pájaro su nido; la abeja el panal; el perro orina marcando su territorio; y el homo sapiens, como ser simbólico, representa sus ideas pintando, raspando, tallando, dejando la huella de su hoy, para beneficio de los que vienen en el mañana, y cada grupo humano deja plasmado en su arte el momento que le tocó vivir. El arte en la sociedad actual no es más que la manifestación de nuestro presente que viene evolucionando desde mucho antes que los bisontes de Altamira, pasando por el hoy en su viaje hacia el futuro.

Satiraopinion:

¿Cuáles son las cualidades y características de un artista dedicado a la sátira y el humor?

Hernán H:

Cada pueblo se ríe de sus cosas y cada cual ríe a su manera; todo depende de las costumbres, experiencias y nivel cultural: la verdad es relativa al punto de vista de cada quien y uno sabe lo que el otro ignora. El artista del humor plantea lo que se supone lógico, pero mediante su ingenio crea el inesperado desenlace que resulta en esa grata sorpresa que conduce al manejo del humor.

Satiraopinion:

Puedes decir tu opinión sobre el humor que se realiza actualmente, sus defectos y virtudes.

Hernán H: El humor de nuestro tiempo está directamente relacionado con la descomposición de la sociedad en que vivimos. El cambio es imparable y la aceleración del mismo casi da vértigo. El desarrollo tecnológico va tan rápido que el ser humano en sí se va quedando atrás; de lo que nos reíamos ayer ya hoy nos parece extraño y en el río revuelto del humor de nuestros días, la vulgaridad está que hace olas.

Satiraopinion:

¿Cómo fueron tus inicios en el mundo del arte y en especial en la animación y las historietas?

Hernán H:

Trazo un triángulo, le doy color, y el creyón del lápiz deja en el papel una suave textura color naranja que me maravilla: mi primer recuerdo relacionado con el arte del dibujo. Pero algo había en mí con la música. En primer grado me dan medalla por mérito a la música, y luego en mi cuarto grado fui seleccionado entre muchos alumnos para integrar el coro del colegio. Pero realmente lo que más me interesaba era saber cómo funcionaba el mundo que me rodeaba: observando y pensando buscaba el porqué de las cosas. Me gustaba escuchar a los adultos educados, sobre todo si el tema era sobre la ciencia, y esas eran mis asignaturas preferidas en el colegio, y luego en el bachillerato, me atraía la astronomía, las ciencias naturales. A partir de los 12 años comencé a leer libros, revistas, las historietas de los periódicos: en mi casa se compraban cuatro de ellos, más la revista Bohemia, que llegaba los viernes y me la leía toda. A los 17 años, todavía no había trabajado ni sabía a qué dedicarme, pero otros de mi edad ya buscaban empleo. Observando comprendí el porqué de sus fracasos: todos buscaban en lugares afines y la respuesta siempre era la misma: “cuando tengamos algo le avisamos”. Comprendí que para encontrar empleo tenía que ser único, exclusivo, sin competencia ¿pero qué?, no sabía, pero ya tenía la idea y ello quedó en mí. Un día vi un pequeño anuncio en una revista: “Aprenda Dibujos Animados”, de una academia por correspondencia ubicada en California, USA. Era lo que esperaba. Tomé el curso, hice todas las prácticas con entusiasmo, lo terminé. Aprendí la técnica del dibujo animado y como dibujar caricaturas e historietas. Ya tenía definido mi camino en la vida. Estando yo en una clase de Matemáticas en el tercer año de bachillerato, la profesora pasa por mi lado, ve mis caricaturas, me pregunta si yo las hice, le digo que sí, me pregunta si quiero trabajar, le digo que sí, y me explica que además de profesora ella, además, laboraba en la Publicitaria Siboney, la mejor y más importante de Cuba en esos momentos: julio del año 1959. Me pide vaya por allá al día siguiente y lleve muestras. Fui, y para mi sorpresa, allí tenían un pequeño estudio que producía dibujos animados comerciales para la televisión. Me dieron empleo y comencé a trabajar.

Satiraopinion:

¿Cómo surge Gugulandia, en qué momento concebiste la historia inicial y esos personajes tan peculiares y sugerentes?

Hernán H

:Mis lecturas siempre fueron sobre ciencias: astronomía; física; genética, geología… un día me compré un libro que fue fundamental: “Tras las Huellas de Adán”, del escritor alemán Herbert Wendt, porque su lectura abrió para mí otros campos relacionados con la ciencia, en especial la historia de la antropología. La evolución y origen de la humanidad se convirtió en mi tema preferido. Luego de mi primera etapa de seis meses trabajando los dibujos animados en Publicitaria Siboney, Jesús de Armas, que allí trabajaba como diseñador guionista, me propuso me uniera a él para juntos, crear un grupo independiente dedicado al dibujo animado. Acepté su propuesta y juntos hicimos dos dibujos animados que él diseño y dirigió y yo animé. Esos trabajos fueron la base para que, Alfredo Guevara, director del recién creado Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, creara el Departamento de Dibujos Animados del ICAIC, a partir del primero de enero del año 1960. Allí trabajé como animador y enseñando a trabajar la animación a los muchos que iban llegando. La mayoría no daba la talla y se iba, pero unos pocos se quedaron y así crecimos en personal y producción. Por cuatro años trabajé como animador, pero a partir del 1964, paso a director. En el momento justo que dirigía mi primera película, de título Osain, me comunican que Enrique de la Osa, director de la revista Bohemia y el periódico Revolución, quería sacar un suplemento semanal de historietas en colores. Por entonces, Tulio Raggi y yo, trabajábamos juntos en equipo, él como director y yo, animador, para hacer nuestras películas. Le hablo a Tulio sobre el asunto y juntos vamos a ver a de la Osa, y juntos acordamos crear Muñequitos de Revolución, que saldría cada lunes junto al periódico, a manera de suplemento semanal. Tulio se encargaría de hacer una de las páginas y yo otra, pero faltaba cubrir dos páginas más. Buscamos otros historietistas y aparecieron Heriberto Maza y otro más que no recuerdo el nombre. Tulio comenzó con una historieta similar a las de Tarzán, pero nada nuevo había en ello. Maza presentó una historieta sobre un héroe popular, y el otro dibujante historias de piratas: lo visto muchas veces. Pero yo quise partir de mí mismo y contar la historia del mundo y de la humanidad a mí manera, con toda ingenuidad y a partir de cero. Y a ese mundo lo llamé “Gugulandia”.

Satiraopinion:

¿Son equivalentes estos personajes a actores en nuestra sociedad moderna?

Hernán H:

Los gugus son representaciones de las categorías de la sociedad, entidades y no personas propias. Comencé Gugulandia y ahí surgió “el hombre”, a quién llamé “gugu”, por tanto ese personaje es “El Gugu”, alto, noble, ingenuo. Luego surgió la mujer, a quién llamé “La Guga”, romántica pero ignorante, curiosa pero simplona. Ellos dos en sí representan todos los hombres y todas las mujeres. Entonces estaban en paz, porque todo era solamente “GU”, pero apareció el conflicto, ydijo “GA”, y así, por representar la discordia le puse “El Guerrero”, siempre huraño, desconfiado, y este personaje simboliza lo relacionado con la fuerza bruta, la pelea. Ya teníamos la horda, en paz y en guerra; pero otro gugu nuevo apareció, y dijo “GA, GU, GUE, GO, GUI”, y por ser el más hablantín y leguleyo lo hicieron “El Rey”, quién representa el orden, la ley, la justicia, el gobierno, y para que “El Rey” fuera rey se le puso una corona en la cabeza. Así, en Gugulandia se creó la estabilidad social. Pero apareció otro gugu nuevo, sentado bajo un manzano. Cayó una manzana y golpeó su cabeza; por efecto del golpe, ese nuevo gugu descubrió la fórmula mágica 1+1=2, y por su extraordinaria sabiduría lo nombraron “El Brujo”, que representa la ciencia, la magia y la religión, con esto la horda ya tenía el sabio capaz de responder a todas las preguntas. Pero vino la primavera y los gugus se alborotaron, “La Guga” se puso sata, y El Gugu, El Guerrero y El Rey, corren tras ella y la revuelcan sobre un campo de flores. El Brujo, que no corrió tras La Guga, porque es un gugu de ciencia y estaba pensando, descubre una nueva fórmula mágica: que a veces 1+1=3, por aquello de “un gugu + una gugada un guguito”, Y así nació otro gugu, a quién le puse “El Piraña”, porque la infancia es voraz: necesita comer mucho para crecer sana y fuerte. El Piraña no tiene sexo, ni varón ni hembra, porque es sólo el símbolo de la infancia. Y más adelante apareció otro nuevo gugu, “El Artista”, el que practica todas las artes, el intelectual, que fuma en pipa y esta es a la vez, un saxofón. Y con estos siete personajes simbólicos completé todas las actividades de la sociedad humana.

Satiraopinion:

Cuando en la década de los 70s del siglo pasado, publicabas Gugulandia en el suplemento humorístico dedeté (Cuba), personalmente y en múltiples ocasiones veía en las historias que planteabas, un fuerte vínculo con la realidad de la sociedad cubana de ese entonces. ¿Es acertada esa percepción? ¿Las historias que presentas tienen siempre una segunda intención y un nexo con problemas sociales?

Hernán H:

Cuando comencé Gugulandia, en el año 1964, encajaba perfectamente con la situación política del momento: Cuba y su gobierno estaban en una efervescencia de progreso social: la Revolución prometía el camino a un desarrollo superior, el recomienzo de una nueva sociedad. Gugulandia, en esencia, planteaba lo mismo: los gugus (la humanidad) comienzan a partir de cero, en lucha a brazo partido por sobrevivir en un medio ambiente áspero y hostil, todo lo tienen que ir aprendiendo desde la ignorancia total. Así avanzaban los gugus en la historieta, con miedos y aprendiendo de sus torpezas, descubriendo verdades por el camino erróneo, equivocados ellos mismos en su ingenuidad, pero optimistas. Al final los gugus imaginaban lo más disparatado, pero el lector, entre líneas, captaba la sonriente verdad. Y ahí estaba el punto fundamental: la verdad de Gugulandia llegaba al lector mediante el absurdo de las acciones y creencias de los personajes. En una sociedad totalitaria, como la cubana, sobre todo en esos años duros desde mediado los 60s a comienzos de los 80s, explicar verdades era un serio problema si no estaban de acuerdo con las verdades oficiales; pero resultaba que lo planteado en Gugulandia eran verdades universales, difíciles de rebatir. Por ejemplo; en medio de un desierto los gugus tienen mucho calor. Encuentran un ventilador eléctrico funcionando. El Gugu descubre que le echa fresco y lo disfruta. El Guerrero le arrebata el ventilador para echarse fresco él mismo. La Guga le arrebata el ventilador al guerrero para echarse fresco ella misma; se forma una pelea generalizada. El Brujo pide calma y agarra el ventilador, lo pone sobre una piedra, lo golpea con otra roca y lo destripa, a la vez que dice: “Hágase Justicia”, agarra distintas pedazos del destripado ventilador, lo reparte entre los gugus a la vez que dice: “Qué cada cual tenga su parte”. Al final, el Gugu tiene una paleta en su mano y dice: “Ya tengo mi parte, pero no me echa fresco”. Eso creó una polémica, alguien importante del gobierno dijo que con eso yo estaba diciendo que la socialización era un fracaso. Pero otro, más importante que el anterior, dijo que yo planteaba lo correcto, que los bienes sociales colectivos no se pueden individualizar, o sea; (sic) “no se puede repartir las partes de una guagua (ómnibus colectivo) a cada uno de los pasajeros para que al día siguiente armarla de nuevo para ir al trabajo”.

Pero lo más sorprendente de todo fue que, a finales del 1964,en la sociedad cubana, con un buen nivel de desarrollo por ese entonces, se creían que avanzaban a un mundo mejor, y Gugulandia, donde se empezaba desde cero y todo había que aprenderlo, la horda de los gugus también avanzarían hacía un mundo mejor. Pero ocurrió lo contrario, en vez de progresar, el pais se fue convirtiendo en un Gugulandia: de ahí me vino aquello de “Cuando la Furia de los Placatanes Imperaba Sobre la Faz de la Tierra”

Satiraopinion:

Imaginamos que Gugulandia te ha traído muchos éxitos, pero, ¿hay alguna anécdota triste, difícil o que te haya hecho dudar de tu talento?

Hernán H:

El momento más triste que recuerdo fue aquel día, lunes por la mañana, que el Periódico Revolución desapareció súbitamente, y con él el suplemento semanal “Muñequitos, Lunes de Revolución”, porque con ello también desaparecía Gugulandia, que tantos éxitos había logrado desde los comienzos de la publicación. Nunca dudé de mi talento, sólo de las circunstancias imprevistas de este mundo cambiante en que vivimos.

Satiraopinion:

Creo que debe haber sido difícil la mutación de Gugulandia al emigrar de Cuba e insertarse internacionalmente en países como Estados Unidos, Italia, España, etc… ¿Cómo lo lograste?

Hernán H:

Inicialmente difícil, porque cada pueblo tiene su propio sentido del humor, además, no es lo mismo decir algo en un lugar donde la sociedad está coaccionada y todos saben leer entre líneas, que en otro de plena libertad, con planteamientos claros y evidentes: son dos mundos distintos, donde los de uno actúan diferente de los del otro. Además, ¿de qué se ríe la gente? Ahí juega mucho el ambiente cultural y la idiosincrasia de cada pueblo. Los norteamericanos se ríen de un chiste clásico que se utiliza en muchas películas: ponerse de espaldas, bajarse los pantalones y enseñar las nalgas. Y con ello los anglos se ríen, muchos de ellos a carcajadas; pero yo no río ni entiendo cuál es el chiste. Llevo 40 años viviendo en esta sociedad y todavía no lo entiendo ni me provoca risa alguna. Y viceversa. Cada cual se ríe de sus cosas y a su manera: todo depende del nivel cultural y de la idiosincrasia. ¿Qué cómo lo logré? Pues no sé qué he logrado, para ello hay que penetrar en la mente de la gente, saber qué los motiva. El problema es que yo sigo siendo yo, a pesar de vivir en otro lugar y entre otra gente. Mis chistes, mis ironías, mis ideas, parten de mi inteligencia, mi conciencia, mi forma de ver el mundo y de darme respuestas a mí mismo. En una ocasión presentaron unas tiras cómicas que yo había hecho al editor del New York Times, y él respondió que entre ellas había una que le perecía muy buena: en una escena de guerra yo había puesto el uniforme camuflado de un soldado como si fuera una diana de tiro al blanco. El texto del globo de otro soldado que le disparaba y daba en el blanco decía: “Si logramos que el enemigo utilice estos uniformes ganamos la guerra”. Esto le pareció muy gracioso al señor editor, muy bien, pero yo no sé por qué de los otros chistes no hizo comentarios. Y así, puedo decir: yo sabía de qué se reían los cubanos cuando yo vivía allá, pero, 40 años después y fuera de la Isla, no puedo asegurar de qué se ríen, allá, los cubanos de hoy día.

Satiraopinion:

Eres un amante de la animación, las historietas y el buen humor, ¿qué ha sido lo más importante en tu carrera, las herramientas o el talento?

Hernán H:

El talento, pero sin dominar el uso de las herramientas nada se puede hacer con el talento: el agua del río corre, pero necesita el cauce, sin cause no hay río.

Satiraopinion:

¿Cuál es tu criterio sobre las nuevas herramientas digitales en el campo de la animación? ¿Ha sido difícil, a un artista como tú que le ha tocado vivir esa transición, ajustarse a estas tecnologías?

Hernán H:

Aquí hay un sí y un no en la respuesta. Cuando llegué a EEUU en el 1980, la industria de los dibujos animados estaba en plena crisis. Unos gemelos, los hermanos Guidi, que yo había conocido en Cuba en el año 1958 y allá habían trabajado los dibujos animados, se habían ido del país en el 59 y trabajaron en estudios norteamericanos de animación. Al llegar hablé con Armando, uno de ellos, y me dijo que ya no había trabajo en los estudios de animación: tras una huelga se los habían llevado para hacerlos en Corea del Sur, que me olvidara de eso, y que, al igual que ellos, me dedicara a las artes gráficas, que ahí si había mucho trabajo. Y así lo hice, monté en mi casa un estudio para dedicarme a la gráfica: publicaba en la prensa chistes, historietas, caricaturas, hacía anuncios, publicidad, diseños, etc… mis clientes aumentaban y puse una imprenta. Pero hacer dibujos animados era imposible: no tenía los equipos para ello. Un día, llevando un trabajo a un cliente, que estaba en unos locales que se alquilaban para producciones cinematográficas, cerca del aeropuerto de Miami, descubrí en uno de los locales a unas personas trabajando en la producción de un dibujo animado. Todavía bajo los efectos de la sorpresa entré preguntando ¿qué están haciendo aquí? Y me pongo a mirar y conversar con ellos. Me explican, los tres o cuatro que estaban allí, que son gente que tienen un cierto nivel de conocimiento en la técnica del dibujo animado, y que un compositor musical de la industria cinematográfica les había encargado hacer un dibujo animado de cinco minutos de duración para un tema musical que él mismo había compuesto, y les pagaría por ello. Miro el storyboard de lo que estaban haciendo, y Carmen, la mujer que estaba a cargo, me dice que ella había trabajado de colorista en los estudios Disney; que su hijo haría la línea y el relleno en los acetatos, pero que en lo que el director y animador, Eugenio, estaba trabado era con el guión y el sonido. Les dije que no estaba claro lo que veía, que les daría una mano. En unos minutos arreglé el storyboard. Carmen quedó impresionada con el arreglo y me dijo: “ahora se ve bien”. Al día siguiente Carmen me llamó: habían decidido que me encargara de hacer la animación, y yo acepté. Me compré un disco giratorio Oxberry de metal, con sus reglas de cálculo arriba y abajo para hacer la animación, con pines ACME, ordenándolo a una tienda que vende a profesionales del dibujo animado, en California, y en una tienda de arte, aquí en Miami, una mesa de dibujo, que llevé a un taller de carpintería para abrir el agujero circular en la misma donde se coloca el disco giratorio. También me compré, en la tienda de California, una ponchadora de papeles para abrir los agujeros en los papeles, medida ACME, para colocar en los pines de las reglas del disco de animar. El disco me costó 250 dólares y la ponchadora de papeles 450 dólares. Ahora tenía, por vez primera, dos herramientas fundamentales para trabajar la animación, en la etapa: hacer la animación, dibujo a dibujo, en los papeles ponchados. Era el año 1992, mi primera animación en EE.UU, que hice en el estudio que tenía en mi casa. La película, de cinco minutos, llevó por título “BUGFEAST”. Se filmó en una mesa de animación Oxberry en Atlanta, Georgia. Hacía 12 años, desde que salí de Cuba en el 1980, que no hacía dibujo animado alguno, por las razones que ya dije antes. Mis nuevos asociados me pidieron, con mucho entusiasmo, que hiciéramos animaciones de Gugulandia, para la televisión, y rápidamente produje mi primera animación con los gugus, de 5 minutos de duración y se la entregué: ellos harían la línea y relleno y la filmarían en Atlanta. Hicieron su parte del trabajo en los acetatos y programaron la filmación en la Oxberry de Atlanta.

Hasta ahí la animación tradicional tal y como siempre se había hecho: primero la animación en papel y pasarla a acetatos haciendo la línea y el relleno. Pero, la computación y técnica digital me permitió hacerlo todo yo mismo y en mi casa.

Vi en una revista de computadoras Mac, un anuncio, que tenían un programa para hacer animaciones 2D (lo que yo hacía) utilizando una Mac. Compré una computadora y el programa, muy rudimentario, ya que sólo me costó 100 dólares, e hice una animación de Gugulandia de 30 segundos, pasé los papeles por el scanner, los procesé en el programa de animación y terminé la película, pero sin sonido, sólo la imagen, que se veía bien. Entonces yo publicaba Gugulandia diariamente en el periódico El Nuevo Herald, de Miami, y (cosas del destino) en ese momento justo me llaman del canal de televisión Telemundo y me piden Gugulandia para ponerlo tres veces a la semana en un nuevo programa titulado “Alta Tensión”, les llevo la muestra que había terminado, al verla quedan encantados, y me dicen que eso es lo que quieren. Me pagan por la muestra para anunciar Gugulandia en el nuevo programa, y comienzo a realizar tres animaciones a la semana de 30 segundos cada una. La computación y técnica digital me permitió hacer yo mismo mis dibujos animados.

A partir de mis animaciones de Gugulandia en Telemundo me llaman de otras compañías de televisión: Gems y Univisión, para animaciones en otros programas, y luego, de los estudios de animación Klasky Csupo, en Hollywood, California, donde estuve 6 años, y en ese tiempo también me llamaron de HBO y Nickelodeon, para trabajos freelance, que hacía en casa.

Todas las animaciones que hice o trabajé siempre fueron en 2D. Cuando comenzaron las animaciones con técnica 3D ya yo estaba en edad de jubilación, y no me interesó involucrarme en ello.

Satiraopinion:

¿Sigue Cuba estando presente de alguna forma en Gugulandia?

Hernán H:

Pues sí, sobre todo en el recuerdo de los que peinan canas, en palabras que a veces afloran en la conversación de la gente, en mensajes en la internet, he visto palabras mías en algunos libros que he leído, una biografía, una novela, en algunos comentarios, opiniones, tanto de Cuba como de la gente fuera de ella, en las lágrimas de algunas personas, en fin, Gugulandia es parte del imaginario colectivo del cubano.

Satiraopinion:

¿Imaginaste alguna vez los éxitos que has alcanzado con tu trabajo?

Hernán H:

La vida se va haciendo en el diario andar. A mí las cosas siempre me han caído solas. Nunca busqué empleo, nunca hice ofertas ni proyectos. Simplemente, un día, cuando tenía yo 18 años de edad y estudiaba el bachillerato, me dieron trabajo en un pequeño estudio que allí tenían para hacer comerciales animados para la televisión. Ese fue el primer empleo de mi vida, el primer eslabón de una larga cadena sin interrupción, comenzando en Cuba y terminando en EEUU con mi jubilación: nunca busqué trabajo ni empleo, siempre me llamaron, me lo ofrecieron, desde el primero al último. Ese fue el éxito más grande que tuve. Creo que fui muy afortunado.

Satiraopinion:

Dejaste una obra inmensa en Cuba tanto en la animación como la historieta. Has realizado igualmente otra obra monumental en Estados Unidos y otros países. Te interesa la música y tocas algunos instrumentos. Te ha apasionado la astronomía durante toda tu vida, pintas, escribes, etc… ¿Cómo puedes multiplicarte y crear tanto? ¿Hay alguna fórmula personal? ¿Cuántas horas duermes?

Hernán H:

El método mío fue ser único, nunca copié lo de otros, todo lo hice a partir de mí, tanto técnico como creativo, y también en lo personal, mi conducta era atípica, individualista. Solamente en una ocasión formé grupo, con Tulio Raggi, cuando trabajamos juntos durante tres años, del 1963 al 1966, él como director y yo como animador, en los estudios de Dibujos Animados ICAIC, cuando estábamos en Cubanacán, porque nos complementábamos y necesitábamos, éramos un verdadero team de trabajo, pero luego de mi primera película como director cada uno tomó su camino. En Cuba tuve un éxito extraordinario, sobre todo si se considera que nunca me plegué a seguir la conducta oficial. Nunca dejé de ser yo mismo. La dirigencia respetaba mi trabajo, pero los que tenían que someterse a las obligaciones de obediencia establecidas me miraban con mezquina suspicacia: ¿cómo era que yo, sin someterme, mantenía mi prestigio y posición? Si en Cuba me fue bien, en EEUU me fue mejor, siempre manteniendo mi independencia; nunca busqué ni solicité, siempre me llamaron y ofrecieron; en periódicos: El Nuevo Herald; El Nuevo Hudson; revistas: Réplica, Entérese; canales de televisión: Telemundo, Univisión, HBO, Nickelodeon; estudios de animación en Hollywood: KlaskyCsupo, Hyperion.

La música fue un misterio para mí. Cuando niño pequeño la única medalla que me gané en el colegio fue por “Honor a la Música”, y luego, en el Candler College, me eligieron, luego de probar a unos mil alumnos, a formar parte de un coro de 12 muchachos. Para cuando tenía yo 23 años de edad, súbitamente sentí en deseo de tocar algún instrumento musical ¿pero cuál? Vi que vendían un acordeón y me compré uno. Siguiendo mi costumbre de hacerlo yo sin ayuda ajena, empecé a tocarlo por mi cuenta, y con las veces y el tiempo cada vez sonaba mejor. Para el año 1995, por vez primera en mi vida hago contacto con mi familia paterna “Henríquez “en la Isla de La Palma, Canarias, y viajo a conocerles. Sin nunca haberme visto y sin haber sabido antes de mí, me reciben con todo interés y cariño, y allí descubro que en la isla hay un antiguo lema que dice: “Para Música los Henríquez”, y eso me maravilla: mi familia era gente educada, escritores, músicos y compositores de música, allí se hace una gran comida en una casa campestre, como 50 personas todos Henríquez, y tocan guitarra, cantan, y yo descubro, como la historia del “Patito Feo”, que vivió como pato y un día descubre ser cisne, descubro yo que, aunque nací en Cuba, por la forma de ser en mi casa, sus costumbres y comidas, yo siempre fui más canario palmero que cubano, eso sin contar mi aspecto físico: típicamente canario palmero, y me vi como si mi imagen estuviera reflejada muchas veces en una casa de espejos, porque yo era igual a todos ellos, vamos, que la genética hace a uno quién es. Ya destapada esa “veta musical” en mí, siento interés por las flautas primitivas, y las voy adquiriendo cada vez que puedo: flautas pan; árabes; indígenas; irlandesa; armenia; peruana de Los Andes, y fui aprendiendo a tocarlas. La de sonido más bello pero de ejecución más difícil, la quena, y la zampoña peruanas. Y por último adquirí un piano electrónico Yamaha, que aprendí a tocar yo solo sin que nadie me enseñara. Cuando toco música lo hago sólo para mí. Nunca he pretendido más que eso, solo para distraerme y disfrutarlo. Cuando en Cuba venía el apagón y no tenía nada que hacer, me ponía a tocar mi acordeón en la oscuridad. Imagino lo que los vecinos pensarían cuando les caía “apagón y acordeón” a la vez.

Mi vida ha sido siempre explicarme a mí mismo el porqué de todas las cosas, de cómo funciona el Universo y todo lo que en él existe. Cuando niño mi fijación eran las estrellas; prefería escuchar las palabras de los adultos cultos a las tonterías de los otros niños. Aunque me dediqué como trabajo al arte y el dibujo, mis libros preferidos eran los de ciencia, y lo que más me gusta es contar mis historias y vivencias, descubrir todo aquello que es evidente pero nadie ve, porque jamás piensan en ello. Mi fórmula personal siempre ha sido, crear todo a partir de mí mismo, nunca copiar de los demás, ser original en todo momento, en cada acción de mi vida.

¿Qué cuantas horas duermo? Pues las mismas que todo el mundo, pero es en esos momentos de medio dormido medio despierto cuando encuentro buenas respuestas a mis preguntas y se me ocurren las mejores ideas.

Satiraopinion:

¿Creencias religiosas?

Hernán H:

En mí la religión fue un proceso. Desde niño escuchaba en casa decir al hermano de mi padre: “Soy católico, apostólico y romano”, pero él nunca iba a la iglesia. Mi padre, palmero canario, que vivió casi toda su vida en EEUU y era ciudadano de ese país y siempre viajando, nunca me habló de religión. La esposa de mi tío, el hermano de mi padre, creía en Santa Bárbara, y tenía un pequeño altar de la misma, en una esquina de la sala, y cada 4 de diciembre se hacía fiesta. Mi madre, no recuerdo que me hablara de religión, pero le gustaba escuchar la canción “Santa Bárbara Bendita” que ponían todos los días por la mañana en un programa de radio sobre el horóscopo, y bailaba conmigo muy alegremente: siempre que escucho esa canción siento gran alegría. Suponía que en mi casa eran católicos. A los 10 años de edad me matriculan en el colegio americano Candler College, al comienzo de clases allí me entregaron mis libros, y con sorpresa descubro que me dan una biblia: el Candler era un colegio de religión metodista. Llego a casa con la biblia en la mano, se la muestro a mi tío -Me pusieron en un colegio protestante- le digo, a lo que me responde –Sólo hay una biblia, todas son iguales. En el Candler enseñaban religión protestante, e íbamos a capilla dos veces por semana, así que, recibí esas enseñanzas, donde se plantea que los santos son un invento del catolicismo. Mi tía acostumbraba poner una manzana roja en el altar como ofrenda a Santa Bárbara. Yo comencé a decirle que lo de Santa Bárbara y todos los santos era un mito, y para convencerla de mis palabras una tarde agarré la manzana y me la comí frente a ella -¡Muchacho, que haces, la santa te va a castigar!- me dijo asustada, pero yo no le hice caso y le respondí riendo –No tía, los santos no existen. Frente a casa, una gran familia de raza negra, vivía en una imponente casona de dos pisos. Eran los descendientes de Isabelita, la gran señorona jefa de esa familia negra que había sido adinerada y vivía ahí desde finales de la colonia o principios del siglo XX, y habían sido dueños de todo el terreno de esquina a esquina, pero ya en decadencia económica. De esa familia, Delia, nieta de Isabelita, era santera, y de vez en cuando daban “bembés”, con toques de tambores, danzas africanas y todo lo demás, algo que mucha gente del barrio gustaba de ver e incluso asistir; y los negritos de la familia eran mis amigos de la infancia, así que, yo estaba acostumbrado a eso, impregnado de todo aquello que me parecía exótico, misterioso, pero sabía no era parte de mi cultura. Así que hasta ahí había tenido una mezcla de vivencias católicas-santeras-protestantes, y sí, creía en el Dios del viejo testamento, pero no dándole mucho valor al Jesús del nuevo testamento, por la influencia metodista de mi tiempo en el Candler. Hasta mis 17 años creí en el dios de la biblia, pero me gustaba la astronomía; las ciencias naturales eran mi pasión, los libros que compraba y leía eran sobre esos temas. Un día me compré un libro que me resultó fundamental: “Tras las Huellas de Adán”, del escritor alemán Herbert Wendt, que trataba sobre la historia de la paleontología. Lo encontré apasionante y me lo leí dos veces. Aprendí cosas que abrió mi entendimiento en abanico hacia múltiples direcciones, entre ellas, el pensamiento filosófico de Spinoza y su idea del “Dios Naturaleza”. Otro libro me abrió los caminos hacia los pueblos y su folklore:“La Rama Dorada”, Magia y Religión, de James Frazer. Y supe del trabajo e ideas de Mendel; Darwin; Buffon; Lamark; Cuvier; Linnaeus, y otros más. Mi pensamiento religioso se fue haciendo más científico, más universal, y deduje que la creencia religiosa está siempre presente en el homo sapiens. Al igual que los perros ladran, los gatos maúllan, los caballos relinchan; el hombre habla. Porque les viene gravado en los genes. Creer en un dios es común a todos los seres humanos, porque es inteligente. Un caballo, un gato, un perro, no pueden creer en un dios porque no tienen la suficiente inteligencia para suponerlo. Es como creer en los Reyes Magos: un niño de pocos meses no puede creer en los Reyes Magos porque no tiene el suficiente nivel de inteligencia para suponerlo. Pero una vez que su inteligencia se desarrolla llega un momento que cree y se imagina que los Reyes Magos existen y le traen juguetes. La inteligencia del niño sigue su desarrollo, tomando conciencia de sí, y por un tiempo todavía sigue creyendo en los Reyes Magos, pero llega un momento que la inteligencia se le ha desarrollado mucho más y el niño llega a una edad que se da cuenta por sí mismo que la historia de los reyes fue sólo eso: una historia. Lo mismo ocurre con la religión: hace falta un nivel de inteligencia para creer y suponerlo, pero una vez que los creyentes incrementan sus conocimientos del mundo que le rodea, unos alcanzan un nivel determinado y ahí se quedan, y siguen creyendo sin dudas, pero otros, más interesados en busca de conocimiento, sobrepasan ese nivel donde comienzan las dudas primero y la certeza después de que todo no es más que una historia, una manifestación cultural de los pueblos. A medida que el conocimiento científico avanza la creencia se despeja dejando sólo la historia cultural. El hombre necesita creer en un dios porque está indefenso a la hora de su muerte: y lo sabe.

Para mí, Dios o un dios, existe sólo en la mente del homo sapiens, y diría que es su característica principal. Todos somos Dios y, creas o no creas, éste vive dentro de nosotros mismos.

Satiraopinion:

¿Cómo te gustaría que dijera tu epitafio?

Hernán H:

Pues… diría que: “Aquí yace un gugu, de “Cuando la Furia de los Placatanes Imperaba Sobre la Faz de la Tierra”.

Satiraopinion:

Muchas gracias, maestro.

Hernán H:

Gracias a usted por entrevistarme.

"Hernán Henríquez y su mundo animado"

Hernán Henríquez nació el 29 de enero de 1941 en La Habana (Cuba). De familia canaria, es licenciado en Historia en la Universidad de La Habana y en Psicología y Sociología en la Universidad Saint Thomas, de Miami.

Casado con Liana desde hace más de cuarenta años y con dos hijos, este veterano y experimentado animador, comenzó las andanzas profesionales en su Cuba natal a la temprana edad de 18 años. En 1960, funda el Departamento de dibujos animados del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfico (ICAIC) y trabajó allí durante 20 años como animador y director. Hernán cambió de rumbo de destino hacia Miami, en donde estaría más de 25 años sirviendo como director de arte, caricaturista, dibujante y realizador de animación.

Gugulandia comenzó en 1964 siendo una historieta cómica que se publicaba en periódicos como "Revolución", "Juventud Rebelde", ¨dedeté¨ y "Revista Cuba". Sus personajes fueron cobrando importancia y haciéndose eco dentro del audiovisual cubano, cuando en 1977 fueron presentados en la Exposición "El Trabajo hizo al hombre", visitada por más de 150 000 personas en tan sólo tres meses.

Tras trabajar como director y caricaturista en múltiples estudios, revistas y periódicos de los Estados Unidos, los personajes de Gugulandia fueron protagonistas en Telemundo, apareciendo como cortinilla en los programas "Alta Tensión", "El programa de Raúl Molina" y en autopromociones de la cadena. Además, trabajó para el programa de humor "Charityn" de Gems Network con animaciones de apertura diaria. Entre sus últimos trabajos de animación destacan la colaboración en un largometraje de animación con Nickelodeon, Hypirion, consistente en 15 metrajes de animación para HBO y Gugulandia Comic Books.

Actualmente escribe, dibuja,mira el firmamento, filosofa, conversa por los codos y colabora con la revista online Satiraopinion.


 

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