A Propósito de los Musicales

Por Rolando Díaz


Desde niño me fascinó el cine musical, creo que me inventó una parte del día en que vi por primera vez Cantando Bajo La Lluvia, pero se los cuento: fue en el Dora, en 1956, se trataba de las acostumbradas reposiciones de los cines de barrio. El Cine estaba casi en la esquina en que se funden las dos principales arterias habaneras de mi vida; las calzadas de Luyanó y la de Diez de Octubre, memorable esta última en el poemario que le dedicó un grande; Eliseo Diego, que le llamó siempre por su nombre original: Calzada de Jesús del Monte:“En la Calzada más bien enorme de Jesús del Montedonde la demasiada luz forma otras paredes con el polvocansa mi principal costumbre de recordar un nombre…”

Damas y niños diez centavos; rezaba el cartel de bienvenida. Entré a la sala del DORA, tenía 9 años, escoltado por dos guardaespaldas habituales: Mis hermanos Amalia y Jesús. “Galleticapetercaramelobombonesrefres….” Clamaba el alarido del vendedor de chucherías en aquel templo sagrado! Pero yo prefería ir directamente a la Cafetería de Ñico, que estaba, por cierto, dentro del cine: Dos galleticas de soda con queso crema y guayaba y un refresquito de fresa con hielito frapé; 5 centavos! Tres la galleta, dos el refresco.

Sentado ya en la silla de palo (las acolchonadas sólo las había en el Cine Moderno en pleno Diez de Octubre) esperando la función, mis hermanos me pedían que hiciera cualquier barbaridad, yo era tremendo pesao…Ellos se reían de mis…llamémosle “excentricidades”, y yo gozaba haciéndolos reír: Buen trato. La maldad que más se me ha quedado en la cabeza (por cierto creo que alguna vez lo conté, pero me obsesiona) era aquella en que me pedían que gritara el nombre de Pedro Roig, nunca tuve la menor idea de quién era ese señor, pero lo que sí sé es que en cuanto comenzaba a gritar aquel nombre, mis hermanos se escondían precipitadamente debajo de sus respectivos asientos. Por cierto que me dejaban expuesto, porque lo que yo hacía era repetir el alarido compitiendo con el vendedor de chucherías. Tronaba de ira la sala repletada por más de quinientas personas, hasta que mis hermanos no sabían cómo impedir que siguiera gritando:“PedroRoigPedroRoigPedroRoigPedroRoig!!!!!!!”….Sin respirar. Salían rápidamente de sus escondites y me colocaban sus cuatro manos presionando sobre mi boca, hasta que en el pataleo languidecía aquel grito de guerra que se iba convirtiendo en una queja gutural: Uuuhhped…ro…Ro…igggggg…Y me callaban, quedaba desfallecido. Pero de inmediato me devolvía a la vida el león de la Metro; era hermoso, dueño y señor de todos y su rugido intenso, que cubría la pantalla, me llenaba los ojos, su quieta fiereza me transportaba a otros de mis héroes: Tarzán: “KrigaBundolo mata a Tarzán”, le decía uno de sus enemigos, qué clase de comemierda!, pensaba yo, él nunca moriría, y en mi cabeza saltaba de liana en liana acompañado por los dulces violines danzoneros de la orquesta Melodías del Cuarenta, vecinos luyanoenses…La sala quedaba en éxtasis. Sabíamos que después del abrazador rugido del león llegaría la Gloria Divina en forma de imágenes de un MUSICAL!

Este rejuego con la memoria reconstruida es mi mejor pretexto para contarles que cada vez que veo uno, me sigo quedando extasiado, como a los nueve años, y ya tengo setenta! Debo reconocer que si la música es buena (incluida la comercial) y los intérpretes aceptables, vuelvo a gritar “Pedro Roig” en el Cine. Así me sucedió con Chicago (en el emocionante momento de su estreno) con el reciente La LaLand y con Mamma Mía UNO…Y ni les cuento lo que pasará con la DOS, que se estrena por estos días en cines de Valencia! Sólo me faltarán, cuando vaya, mis guardaespaldas, Jesús ya no podrá acompañarme, pero mi Hermana Amalia todavía está dando lata y quizás pueda repetir algún día, ante ella, mi descomunal grito: Pedro Roigggg!!! Cuando suceda se generará un expectante silencio en la sala del cine a la que corresponda el honor, hasta que un anciano valenciano, delgadito y encorbado de noventa y seis años llegue hasta nuestros asientos y diga mirando a mi hermana a los ojos: “Hola Amalia” ella se sentirá como encaramada en una cuerda circense, balanceándose en la altura, apenas sin equilibrio; entonces el señor me mirará y dirá: “Yo soy Pedro Roig, viví en La Habana una buena cantidad de años, fui un gran amigo de tu Padre y regresé a España cuando el Gobierno me quitó el Cine Dora. Yo era su dueño”. Y muy lentamente comenzará a enderezar su maltrecha figura hasta que quedará tieso como una espiga. Mostrará un paraguas que llevará oculto entre las manos y lo abrirá. Seguidamente sus pies iniciaran un envoltorio de movimientos pausados y elegantes, semejantes a un baile y una sonrisa abierta comenzará a aparecer en su arrugado rostro. Sus labios empezarán a separarse sin dejar de mover aquella figura que parecerá de paja, hasta que se haga inteligible su apagada voz y comience a cantar:

“I’m singing in the rain
Just singing in the rain
What a glorius feeling
I’m happy again...”

 


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Fecha: 2018-08-10 12:07:51
Nombre: Luis Mac--Beath.
Mensaje: He seguido el consejo de Francisco Puñal, que me guió a leer su entrañable artículo A PROPÓSITO DE LOS MUSICALES. Me parece excelente. Por un momento me vi sentado en el Gran Cinema, en sus sillas de palo viendo a Donald O´Conor hacer verdaderas acrobacias mientras canta " Hazme reir " en ese musical inolvidable. Un fuerte saludo. Me3 ha gustao un montón.