AMICUS

El síndrome de Lennon

Por Wilfredo Torres


Este relato lo escribí hace muchos años en Cuba, mi patria. Eran años tenebrosos, sin luz eléctrica y muchas, muchísimas necesidades básicas sin cubrir.

Rebuscando en mis papeles lo encontré y lo público tal y como lo escribí.

Mi admiración por John Lennon es cierta y continuará así, creo, hasta mi último suspiro. Que sirva si es posible, como un homenaje hacia mi amigo.

De todo esto se dio cuenta una mañana de julio de 1996.

Ese día terminó de releer un libro que siempre le llamó la atención: “El Decameron”, y se sentó como era habitual a tomarse su café-desayuno mañanero. Era un día bello y girando la cabeza observó todo el entorno y se sintió feliz. Tenía casa, taller, esposa, hijos, etc. Todo lo que supuestamente un ser humano necesita para vivir en íntima complacencia.

Gritó desde el fondo de la casa;-estoy en el taller, voy a trabajar-.Eso era un rito. Así no lo molestaba nadie o casi nadie. Puso su música favorita y se metió a cantar junto a Lennon .

…Cuando era más joven,
mucho más joven que ahora
Nunca necesitaba la ayuda de nadie
Pero esos días ya pasaron
y ahora no estoy tan seguro de mí mismo
Veo que mis ideas han cambiado
He abierto las puertas*

Solo cinco segundos bastaron para que en su almanaque interior recordara todo lo que había sido su vida.

Fue como una explosión. Recordó su niñez, su juventud, el año en que entró al servicio militar obligatorio, sus socios del barrio; todos jodidos, su novia de la pubertad, todos sus errores, sus vacilaciones, su cobardía y se apendejamiento. Se dio cuenta que todo lo pasado era mucho más grande que él y lloró, se desahogó y ese día juró por sus santos cojones que algún maldito día tendrían que hablar de él.

-¿Qué hay de comida?-

-Picadillo de soya con arroz-, rumió su esposa

-Vámonos a comer pa’la calle-.-Hoy no estoy para comer mierda-

Miró cuanta gasolina le quedaba al volkswagen y se dijo;

-Debe alcanzar para ir a comer algo por ahí y si tenemos suerte regresar.

Sacó el carro del garaje con toda esa mierda en la cabeza dándole vueltas todavía y le dijo a su esposa: Monta.

Le gustaba el barrio donde vivía “El Sevillano” (barrio habanero), aunque no podía negar sus preferencias por el “Casino Deportivo”, lugar donde se crió y jodió como un loco por 25 años seguidos.

Cinco minutos después estaba comiéndose una pizza de no se sabe qué, pero que conseguirla ya de por sí era un manjar, en un lugar que tampoco se sabía qué era.

-Ta’buena-, algo es algo-Ya la gente no sabe qué inventar ni cómo robar-, dijo en voz alta como para joder.

-Cállate la boca-, le contestó el que entregaba las pizzas.-No vengas a joderme el negocio- -Ni agua hay cojones. -Traga y no protestes-, ahora la que le habló fue su mujer.

-Vámonos pal’carajo-,-cuando llegué a la casa me tomo un Diazepan para dormir-, pensó. Necesito olvidar para después pensar.

Se tomó el Diazepan Veintitrés horas y treinta minutos con veinte segundos después, despertó y no había luz .

La oscuridad lo envolvió.

The end

*Verso de la canción de John Lennon “Help”

 


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Fecha: 2018-08-13 13:47:45
Nombre: Rodolfo Torres
Mensaje: Este es el cuento de la serpiente tragándose por la cola, digo del vicioso círculo vicioso, del mismo maldito perro con distinto collar corriendo en redondo para tratar de morderse el culo. Y me pregunto, quién no ha intentado evadirse alguna vez a través de una pastillita por lo menos.