LA COLUMNA DE ROLANDO DÍAZ

Vivencias de un director cinematográfico

Género: Columna

Por Rolando Díaz

Insomnio

Y los sueños, sueños son…

Por Rolando Díaz


Son las cuatro y media de la mañana del lunes 28 de mayo del 2018 y no puedo encontrar el sueño. Lo he buscado debajo de la cama, donde tiene poco espacio para colocarse, aunque es un lugar que suele habitar, pero hoy no estaba allí. También hurgué en un bolsillo de la camisa que usé ayer, porque en ocasiones él cambia de forma y puede esconderse dentro de un lapicero, pero las camisas recién lavadas no son de su agrado, leí en una revista digital sueca un artículo traducido (no sé sueco) que explicaba que el sueño es alérgico a los detergentes perfumados. No se porqué, sabiéndolo, miré allí, pero lo hice. Estaba desesperado.

Después lo busqué en el aire frío de la madrugada, a ver si lo encontraba envuelto en un soplido cortante de los que aun, a finales de Mayo, habitan la Ciudad de Valencia. Estaba en el balcón envuelto en una sábana gordita, afelpada. Por debajo, en la estrecha calle Pintor Fillol, deambulaban (educadamente y sin cantar reguetón) algunos turistas de los más diversos lugares. Le pregunté a un tipo con aspecto de sueco, hablaba un español aceptable, y me dijo que el sueño no suele encontrarse fácilmente cuando se esconde. Le insistí con ánimo de conocer por qué los suecos sabían tanto del sueño y me respondió que no me dejara engañar, que la verdadera especialidad sueca era jugar partidas de ajedrez con la muerte. Me percaté entonces de que Bergman tenía razón.

El hombre se alejó sin mirar atrás y me asaltó de pronto como un electroshock, un remolino de imágenes en el cual siempre fui protagonista: Corría detrás de una vertiginosa bola de béisbol como centerfield de los Yankees de Nueva York y me lancé tras ella de cabeza, la capturé y cuarenta mil fanáticos comenzaron a aplaudirme de manera delirante! Entonces salté, con el uniforme de los Yankees puesto, entre las lianas de inmensos árboles del Parque Almendares (de La Habana), huyendo de King Kong en una simulación de la selva Keniata.En medio de un espectacular set de rodaje, desde el aire pude percatarme que las cámaras eran dirigidas por El Lúmino, pero cuando lo iba a saludar, me vi conduciendo un trineo sobre el hielo siberiano en la República de Los Komicsacompañado de Simone de Beauvoir, quien me contó que Jean Paul la maltrataba. El sueño, en forma de lúdica “pesadilla”, me había atacado a traición y continuó su labor transformándome en uno de los cosmonautas del primer viaje tripulado a Marte. La nave era estrecha, como una guagua habanera a las siete de la mañana y uno de mis subordinados era Harrison Ford, que no dejaba de preguntarme por qué tenía puesto un “Jean” rojo encendido. Le respondí que seguramente era porque íbamos rumbo a Marte y también porque era un recuerdo muy querido de mi Hermano Jesús, que me lo había traído de Puerto Rico cuando en Cuba nadie tenía nada de nada. Harrison me respondió que él había tomado unos daiquirís irrepetibles en la Isla de El Encanto y le respondí que decía eso porque no había ido nunca a Cuba. Me sorprendí de darle una respuesta tan estúpida, propia de un comercial de La Bodeguita del Medio y él se puso a cantar, con una voz aceptable “Convergencia”, la de Bienvenido Julián Gutiérrez; “Madero de nave que naufragó…” entonaba Ford afinado. Del embeleso que me produjo el hermoso bolero me sacó un grupo de meteoritos que venían directo contra la nave que pilotaba, pero con la agilidad que sólo tiene quien ha manejado entre el intenso tráfico de Santo Domingo, los evité de un efectivo timonazo. En ese momento abrí los ojos como quien no quiere las cosas y me vi en la terraza del bar El Olivo, estaba desconcertado. Caminé dos calles estrechas, típicas del barrio de El Carmen. Llegué frente a mi portón decimonónico y subí la escalera que me condujo al piso donde vivo. Entré. Miré en el baño a ver si veía el sueño dentro del lavamanos para poder recuperarlo, pero quien me sorprendió asomando detrás de la puerta fue Julia Roberts que me dijo: “Nunca creas las cosas que te dice Harrison Ford”.

 


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