El niño y la Luna

Por Enrique Gallud Jardiel


Acto único (porque con uno es más que suficiente)

(Es de noche. El NIÑO abre el balcón para oler el perfume de las magnolias. Sale la LUNA.)

LUNA.—¿Quién anda ahí?


EL NIÑO.—Soy yo.


LUNA.—¡Ah! Eres Pedrito.


EL NIÑO.—¿Me conoces?


LUNA.—Yo conozco a todo el mundo, de lejos. Aunque no hemos hablado nunca, yo te he visto varias veces. A ti y a todos los seres vivientes. Yo me fijo mucho.


EL NIÑO.—Y ¿dónde estabas antes? Había mucha oscuridad antes de que salieras.


LUNA.—Sí. Me he retrasado un poco charlando con Venus antes de venir. ¡Me ha contado unos chistes más picantes...! ¡Tiene cada cosa!


EL NIÑO.—¿Tú hablas con los planetas?


LUNA.—¡Pues claro!


EL NIÑO.—¿Con todos?


LUNA.—Sí. (Pausa.) Bueno, con todos, no. Hay algunos muy poco amistosos. Júpiter, por ejemplo. Tiene muy mal humor y no deja que nadie se le acerque. Mírale.


EL NIÑO.—No le veo.


LUNA.—Sí. Ahí está. ¡Fíjate bien!


EL NIÑO.—No veo nada desde aquí.


LUNA.—Yo te lo mostraré. ¿Ves aquella bola redonda muy grande, muy grande?


EL NIÑO.—Sí.


LUNA.—Pues eso es Júpiter.


EL NIÑO.—Ya lo veo.


LUNA.—Y más allá está Urano, que es muy viejecito, muy viejecito y lleno de arrugas. Marte es ése de ahí; es más joven, pero está todo rojo. Neptuno es el verde y Mercurio, el marrón. Los hay de todos los colores.


EL NIÑO.—Ya lo veo. Bueno, me voy a dormir.


LUNA.—¡No te vayas! Me aburro mucho. La gente no suele hablar conmigo.


EL NIÑO.—¿No?


LUNA.—No. Sólo algunos poetas, pero me dicen cosas muy tontas.


EL NIÑO.—¿Como qué?


LUNA.—Pues como soy la Luna, dicen que tengo el color de una aceituna, dicen que soy muy tuna, que mezo una cuna, que doy buena fortuna, que me subo a una tribuna, que me reflejo en una laguna o que me pongo una vacuna. Todo disparates, como verás.


EL NIÑO.—¡Qué divertido!


LUNA.—No es nada divertido que hagan chistes con el nombre de una, ¡caray! ¿Y contigo habla todo el mundo?


EL NIÑO.—Sí. Y me enseñan cosas. Todos los que me encontrado desde mi casa hasta aquí, me han hecho aprender algo nuevo. Enséñame algo tú también, ¡anda!


LUNA.—Yo sólo sé astronomía y astrología.


EL NIÑO.—Pues eso.


LUNA.—Bien. Es muy fácil. Yo te lo explico todo en un periquete.


EL NIÑO.—Empieza.


LUNA.—Pues en astronomía para calcular el epilogismo de un almogeo ascendente vertical primario de cualquier luminar de la eclíptica trepidante del cuadrante...


EL NIÑO.—¿Cómo dices?


LUNA.—...lo primero que hay que hacer es transponer en coluros las nutaciones de los nodos del solsticio correspondiente...


EL NIÑO.—¡No entiendo nada!


LUNA.—... cuidando que el acimut, que está en la colimación del heliómetro, tenga el sínodo paralelo al del año anomalístico...


EL NIÑO.—Pero, ¡qué es esto!


LUNA.—...para que el nadir de la ecuación terrestre en paralaxis decline sideralmente la susodicha prostaféresis...


EL NIÑO.—¡Se ha vuelto loca la Luna!


LUNA.—...sin que la curtación del ecuador según el quintante opuesto astrofísico...


EL NIÑO.—¡Socorro! ¡Socorro!


LUNA.—...retrograde en más de un octante y medio el afelio del orto en mitad de su perigeo.


EL NIÑO.—¡Socorro! (El NIÑO cierra el balcón y se mete debajo de la cama.)


LUNA.—Siempre me pasa lo mismo.

TELÓN

 

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