Entendiendo el blues

Por Mario Barros (Lenguaviva)


Buddy Guy

Alguien dijo una vez que para cantar blues había que haber sufrido mucho. Si no, pregúntenle a Buddy Guy, que le sabe un mundo a eso. Claro, si uno tiene un poco de suerte y hace un poco de plata, como Buddy Guy, entonces puede sufrir buscando en qué gastarlos. Pero en eso del sufrimiento el blues es muy selectivo. Ningún blusero que se respete sufre por los niños pobres del Tercer Mundo. Ese sería un sufrimiento muy facilista. De ahí que uno de los temas recurrentes en el blues sea el del hombre abandonado por una mujer. Nunca al revés.

Al igual que en la mayoría de los temas inmortales del heavybolero, en el blues la pérfida fémina… (se fijaron en el uso de las esdrújulas); o sea, la malévola… (¡otra esdrújula!); es decir, la mujer perjura… (no habrá esdrújulas ahí, pero sí la repetición del sonido er, que le da a la expresión un cierto grado de her-metismo); en resumen, la dama que abandona al tipo siempre es una baby o en todo caso una babe. Al parecer los bluseros son un hatajo de asaltadores de cunas, siempre en busca de chicas jóvenes y atractivas, que se les pegan por la promesa de una vida bohemia y disipada… y que después los dejan cuando descubren que son unos aburridos que siempre cantan lo mismo. Nunca escucharán a un blusero diciendo: “la señora entrada en años con la que comparto el hogar me ha abandonado”. Mucho menos: “la vieja gorda que vive conmigo se fue”. Y, por cierto, de matrimonio, nada.

En el perenne concubinato del blusero la cosa siempre termina en que my baby left me o my babe isgone. O viceversa. Y para rematar, hay una línea que no puede faltar: andsheain’tcoming back, para que a nadie le quepa dudas de que la mujer partió definitivamente, sin idea de regresar jamás. ¡No digo yo! ¿Quién diablos quiere volver a vivir con un tipo que se pasa la vida cantando el mismo sonsonete? Y a propósito, el abandono siempre se produce en medio de la noche, en la oscuridad, a hurtadillas, como si la jevita no tuviera el valor suficiente de enfrentar al viejo y abatido blusero a la luz del día. De ahí que unos tres millones y medio de blues comiencen con la frase woke up thismorning and my baby wasgone. Y, por supuesto, sheain’tcoming back.

A mi amigo Obdulio le dio por escribir blues hace unos años, cuando vivía en Cuba. Pero como no había sufrido lo suficiente y era novato en el asunto, los cantaba a ritmo de… salsa. Lo que los hacía muy alegres, por demás. ¡Sacrilegio! Uno de los blues que escribió trataba, por supuesto, sobre una chica que lo abandonó. Paradójicamente, en este blues/salsa Obdulio estaba de lo más contento, porque la jevitase le había ido… con un extranjero, lo cual garantizaba que la chica le mandaría desde el exterior todo lo necesario para sobrevivir en la Isla, o sea… todo. El hombre no podía estar más feliz por su partida, que, por cierto, no ocurrió a hurtadillas en medio de la noche, sino a plena luz del día y con su total consentimiento. Y, para colmo, a Obdulio nunca se le ocurrió decir que sheain’tcoming back, sino que él iba a buscarla. ¡Se imaginan! En fin, que si Buddy Guy se llega a enterar, monta en cólera y mete a Obdulio de cabeza en un caldero de aceite hirviendo. ¡Por hereje, chico, por hereje!

 

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