!...Y una manita blanca, que me dice adióssss!

Por Guillermo Álvarez


El título de este trabajo, es la última línea de una vieja y famosa canción del músico y compositor cubano Alfredo Brito (La Habana, 1941) titulada "Amorosa Guajira", cuyo mayor apogeo lo tuvo alrededor de 1957 y fue escuchada durante muchos años en la radio primero y luego en la televisión nacional de la Isla en las voces del cuarteto Los Britos. La traje a colación en una triste comparación con distintas "manitas", entre otras las del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. La derecha del mandatario solo se le asemeja a la de la canción en el color. Me imagino qué pensarán y qué significan los cuatro dedos restantes, apoyados en la palma de su mano derecha, cuando coloca en posición eréctil el índice..., pero acompañada siempre de los insultos que normalmente profiere; amenazas, dictámenes, sentencias, pronósticos, miedos, como si él fuera "El cuco".

Pero no son las únicas. Todos los que hemos visto los miles de metros de películas filmadas en torno al tristemente célebre Adolfo Hitler, en la Alemania de antes y posterior a la II Guerra Mundial, recordaremos su saludo peculiar sobre todo a las tropas germanas cuando se preparaban para la gran contienda bélica iniciada en 1938 y que duró hasta 1945 en casi toda Europa. La mano derecha del Fhurer extendida hacia al frente en posición horizontal, con todos sus dedos, relativamente más altos en relación con su cuerpo.

Sin embargo, aquella misma mano que firmó decretos en torno a la raza aria que pretendía crear y a la superioridad de sus tropas, podía vérsele también en un tibio y extraño movimiento como un pequeño ventilador, pero en saludos a niños y mujeres, con estilo feminoide, pese a su histérica personalidad y a la utilización de términos dominantes en el habla hacia sus subalternos.

De manitas diminutas blancas, negras, huesudas, bonitas, está lleno el mundo de las actuales civilizaciones, unas fueron creadas para hacer daño, otras para fomentar el bien. Y ellas lo mismo han sido capaces de estrecharse unas con otras ajenas, en símbolo de paz, amistad y amor; que han servido para decretar órdenes y firmar leyes, como las de cualquier presidente de un estado en el mundo, ordenar masacres y dictar tratados de colaboración.

Cuando trabajé en cierto lugar en La Habana, durante el ejercicio de mi profesión, me "advirtieron" que todas las informaciones que tuvieran relación con Fidel en cables de cualquier agencia de noticia, las depositara en una bandeja de plástico, al lado de la puerta de entrada a la oficina y que alguien vendría por ellas.

Disciplinadamente eso hice.Nunca había coincidido con la llegada de la "mano misteriosa", hasta que un día descubrí al fin, que la mano que entraba arrastrándose por la pared, tras abrir con sumo cuidado la puerta de modo que nadie le viera el rostro a su dueño, era, además de negra, de una persona que usaba camisa verde olivo (color del uniforme de los militares cubanos). Ya no importaba el rostro, claro está, desde mi llegada allí, entendí que aquello era normal, "ordenado" y como que el hombre se adapta a todas las circunstancias de la vida, a los demás le daba un pito que la mano aquella fuera la de un hombre de nuestros tiempos, la del hombre de "Cromagnon" o del "Neardenthal", o la mismísima mano del Hombre de las Nieves...

Siempre quedarán manos en el mundo que recordar con sumo afecto por las cosas tan célebres que escribieron, como las de "La madre Teresa de Calcuta"; las del otrora presidente de Vientam, Ho Chi Min, o las del Mahatma Ghandi. Todas finas, sin arreglos especiales, delicadas como para decir tantas y tantas verdades, capaces de trasmitir a través de sus rasgos toda la paz y las enseñanzas a que se pueda aspirar.

Y cómo no nombrar las de nuestros héroes de guerras pasadas en la lucha insurreccional contra España en el siglo XIX. Las del generalísimo Máximo Gómez, pequeñas al escribir, inmensas al tomar el machete para la carga contra los enemigos de Cuba. Y por supuesto, las más nobles conocidas, las de nuestro José Martí, entre las más valiosas desde que al empuñar la pluma escribiera en sus Versos Sencillos: “Cultivo una rosa blanca/ en julio como en enero/ para el amigo sincero/que me da su "mano franca".

 


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