Tortugas de Rauschenberg

Por Mario Barros (Lenguaviva)


-¿Qué te parecen las tortugas de la foto?

Es Obdulio, que me muestra la imagen que acompaña este texto. Le respondo:

-Las conozco. No personalmente, pero sé que fueron parte de un show de Rauschenberg. El espectáculo también incluía a un bailarín con latas en las rodillas, un actor que rompía una guía telefónica y tres actrices vestidas de novia que caminaban entre el público regalando galleticas.

-¿Y tú crees que eso es arte?

-Mira Obdu, hay quienes dicen que sí y otros que no. Me imagino que, para llegar hasta las tortugas, Rauschenberg tuvo que hacer obras más convencionales, ganarse un nombre y después experimentar. Pero no es cosa que me quite el sueño. Si me gusta lo que veo, lo disfruto; si no, que lo disfruten otros. Creo que el mérito principal está en que es algo imaginativo.

Obdulio se queda callado durante unos instantes y luego me dispara:

-A ti nunca se te ocurría algo así.

-Pero es que yo no soy pintor, ni escultor, ni la cabeza de un pato. Malamente escribo sátira. O humor, como quieras.

-Tú lo dijiste: malamente. ¡Valga que me tienes a mí para darte ideas!

Ahora el que se queda callado soy yo. Pero me repongo rápido.

-Y nunca dejo de agradecértelo, ¡Oh Tú, Excelsa Musa de los Aspirantes a Humoristas!

El Obdu se me queda mirando con misiles que le salen de los ojos, da media vuelta y se va, supongo que directico al monte Helicón.

De allí son las musas, ¿no?

 

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