LA COLUMNA DE ROLANDO DÍAZ

Vivencias de un director cinematográfico

Género: Columna

Por Rolando Díaz

La pilita

Por Rolando Díaz


Corrían los recurridos años ochenta cuando regularmente Roberto Viñas, uno de los amigos más queridos por todos en el Instituto Cubano del Cine (para los cubanos el ICAIC) hacía unas fiestas en su casa que han quedado soldadas en la memoria de muchos. Vive Viñas, el inolvidable, en un viejo edificio que deja atrás Centro Habana y abre las puertas del Vedado. Aquel lugar tenía un ascensor de inicios del siglo pasado (de aquellos que hicimos familiares en las películas norteamericanas de los años treinta) cuya reja se cerraba con una manigueta de acero que recordaba la de los tranvías, pero que cumplía su papel con habitual frecuencia, trasladándote, sino me traiciona la memoria, hasta el quinto piso donde tomabas un largo pasillo que te llevaba al apartamento de El Gordo Viñas...Y allí, a poco de llegar, se armaba la locura. Recuerdo especialmente un juego que poníamos en práctica; en Cuba se llama La Pilita que consiste simplemente en lanzarse encima de una "víctima" cualquiera, sobre la que empiezan a caer personas hasta armar una caparazón en forma de montaña que puede alcanzar una estimable altura de cuerpos inanimados. Si tenemos en cuenta que la cerveza y el ron habían hecho mella en muchos de los integrantes de la montaña (predominante hombres pero donde también se atrevía una que otra mujer) podemos imaginar que se podía estar cerca de morir por asfixia...Éramos muy irresponsables, lo sé. Tendríamos entre los 30 y los 40 años los que nos prestábamos a aquella suerte de locura "juvenil"...Pero ¡como nos divertíamos! ¡Qué manera más sana de comer mierda!!!!...Diría un cubano.

Ni siquiera hubo heridos nunca en aquella tontería digna de juergas medievales...Todavía tengo grabado el rostro inflado de El Gordo Viñas, tosiendo y sin aliento y a su mujer Daisy, rogando que lo sacáramos del infierno...del fondo de la "montaña"....Pero terminada aquella locura, El Gordo nos invitaba de inmediato para la próxima fiesta.

Quizás para algunos (o muchos) no tenga gracia esta crónica, pero los que fueron alguna vez protagonistas de aquel juego infantil practicado por adultos, estoy seguro que buscarían de inmediato una nueva "víctima" para lanzarse sobre ella. Así de irracional, pero divertida, también es la vida.

 


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