Los dulces 15 y 16...

Por Guillermo Álvarez


Cincuenta años atrás la presentación de las jóvenes ante la Sociedad se realizaba en los Estados Unidos, al cumplir los dulces 16, en un acontecimiento que variaba dependiendo de la categoría familiar. Si la muchacha en cuestión pertenecía a una familia adinerada o pudiente, -como también se las identifica-, así era la fiesta, que normalmente no pasaba de una pieza introductoria para que las 15 parejas que la escoltaban entraran al salón, luego lo hacía la homenajeada que bailaba un vals con el padre o hermano mayor, y, acto seguido, el brindis y a disfrutar la noche, pero moderadamente.

No puedo asegurar en qué año surgieron las grandes fiestas de casinos con orquestas típicas o tropicales, que generalmente aparecían en cada película de musicales, con parejas famosas como Fred Astaire y Chid Charisse, como tampoco a quién se le ocurrió llevar a la presentación pública, a chicas que arribaban a la edad en que supuestamente comienza la madurez femenina. Y tampoco digo "a la adultez", porque desconozco si en esa época ya existían leyes que establecían hasta dónde se era menor y cuando se comenzaba a ser mayor. Pero ciertamente, para la mayoría de los muchachos hijos de familias de gran solvencia económica, los sueños de entonces, estaban centrados en el auto del año, un buen caballo de monta, tal vez una granja, joyas, obsequios de mamá y papá. Entre tanto, las chicas hijas de padres más pobres si podían celebrar sus 15, bastaba para ello una reducida fiesta.

De igual modo, comenzaron a montarse coreografías que con el paso de los años han ido derivando de lo sublime a lo ridículo. Y no solo para las fiestas de 15, sino también para las bodas.

En nuestros pobres países latinoamericanos, para diferenciar tal vez del acontecimiento al estilo americano, empezaron las celebraciones de los 15 con otras "normas". A medida que una muchacha en edad escolar, generalmente ya en Secundaria Básica, celebraba la suya, la siguiente trataba de superarla, aunque fuera en la tiara o coronita que llevaba en la cabeza, en el peinado o en la exquisitez del vestido blanco como el de las novias, aunque después se empezaron a variar los colores. Y por supuesto, sin descuidar el vals -casi siempre Danubio Azul o Cuento de los Bosques de Viena-, según recuerdo.

Pero las fiestas de 15, lo mismo que las bodas, cada día se han ido ridiculizando más. Uno de los inventos consiste en entrar la quinceañera al Salón de fiestas, lo mismo en un palanquín chino, cargado por cinco o seis fortuditos, como uno a los que fuimos invitados y en el que la muchacha hizo su entrada en un trono, a modo de concha de mar. Otra de las iniciativas ingeniosas, es "caminar"...

Cuando un día un amigo con el que coincidimos en una fiesta, me dijo que iba a "caminar", le pregunté: ¿Para dónde? Y me respondió: ..."en la boda". ¿Caminar?..., bueno lo cierto es que aquello consistía en que él con su pareja, como cuatro o cinco caminantes más, se paseaban por el salón de la mano de su muchacha, como pavo real por la quinta avenida de Nueva York, antes de que lo hicieran los novios que iban a contraer matrimonio. De hecho, las "caminatas" superan hoy a la alfombra roja de cualquier espectáculo como los "Premios Oscar" de Hollywood o los tantos y tantos eventos donde lo mismo se lucen cortinas de baños, que maquillajes para carnavales como los de Brasil o mini bikinis para los que la tela de un pañuelo masculino basta.

Como mi hija llegó a este país aún pequeña, de ahí a que cumpliera los 15 faltaba un rato. Por suerte cuando llegamos a su fecha, ya existían nuevas ideas respecto a las celebraciones. Y escogimos, no solo la más económica, sino a juicio de muchas más familias con las que compartimos, la mejor: "Los 15 de Cruceros" (compartidos); una semana a bordo del barco con la fiesta del baile, más otras cuatro fiestas privadas, incluida la llamada "Noche del capitán" (la primera), en la que el Comandante del navío posa con las muchachas, corta el cake junto a ellas y brindan todas las familias por el acontecimiento.

Ello sumado al arribo a cuatro puertos de igual número de países, en el que todos los pasajeros si lo desean bajan, adquieren souvenirs, disfrutan de las playas, toman fotos o simplemente recorren y conocen lugares históricos de cada ciudad, con todas las comidas y las bebidas del día incluidas, más los espectáculos que se brindan en el teatro de la gigantesca embarcación. Una vieja poesía, que hizo famosa el desaparecido declamador cubano Luis Carbonell, conocido como "El acuarelista de la poesía antillana", define como era una fiesta de pobres, en versos que provocan risa desde la primera hasta la última línea y que terminaban así: "...porque los 15 de Florita, se tienen que celebrá".

 


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