Libros indeseados

Por Enrique Gallud Jardiel


¿Tienes demasiados libros en tu casa y no sabes qué hacer con ellos? ¿No consigues venderlos ni a la de tres? He aquí algunas recomendaciones para sacarles rendimiento.

Considera que se puede saber mucho de alguien viendo los libros que posee y en qué forma. Los ejemplares demasiado nuevos y con aspecto de no haber sido leídos, colocados cuidadosamente en la estantería de tu salón, no hablan bien de ti. Evita usarlos para presumir de cultura, sobre todo si algunos siguen envueltos en papel de celofán.

Si se hallan calzando la mesa de la cocina, por el contrario, denotan una personalidad amiga del equilibrio y de la estabilidad.

No es aconsejable desprenderse de los libros sólo porque ocupen mucho sitio. Si lo que quieres es ganar espacio en tu casa, lo conveniente es que uses y hayas usado siempre suficiente protección a la hora de mantener relaciones con tu pareja, para evitar una no deseada prole. No te imaginas cuánto espacio ahorrarás de esta manera sin dedicar habitaciones a los niños. O mejor, no tengas pareja nunca y tendrás todavía más sitio para guardar todos esos libros que tanto detestas.

Si pretendes regalar tus libros a tus amigoscometerás otro error palmario. Ni tus amigos ni las bibliotecas a las que los regales quieren tenerlos en absoluto. Tus amigos se verán forzados a leerlos; no lo harán y luego les pesará la conciencia. Ya lo dice el refrán: «Quien regala un libro a un amigo, pierde el libro y pierde al amigo.» Y cada libro regalado a una biblioteca significa sólo más trabajo para el bibliotecario, que tiene que clasificarlo, etiquetarlo, meterlo en el ordenador... Sólo conseguirás que te maldiga y todo el mundo sabe que las maldiciones de bibliotecarios cabreados son especialmente dañinas para la salud.

Si tienes libros te verás obligado a clasificarlos. La manera más práctica de hacerlo es dividirlos por géneros: ficción, poesía, libros de texto, manuales para que te autoayudes a ti mismo, guías turísticas, libros de César Vidal, obras de consulta, etc. Esto facilita su búsqueda y denota una mente organizada. Si tienes demasiadas novelas, por ejemplo, clasifícalas por nacionalidades o por la variedad de templarios, iluminados o rosacruces que oculten el secreto de turno. El orden alfabético está ya démodé.

En cuanto a su colocación recuerda que cada libro es único (a excepción de los de «Azorín», que son todos iguales). En contra de la costumbre generalizada, no se deben poner juntos los de una misma colección. Esto transmite la impresión de que se han adquirido en bloque en unas rebajas o que te los han regalado con cualquier periódico. Siempre es más bonita la variedad. Evita, por tanto, colocar juntos los que sean del mismo color o tamaño. Pero procura que al combinar los colores no recuerden los de ninguna bandera de países conflictivos, pues nunca se sabe la afiliación política de todos los que invites a tu casa, por lo que te podrías buscar un disgusto.

La excepción a esta regla son las enciclopedias, cuyos tomos pueden estar perfectamente juntos, aunque siempre en segunda fila. De hecho, hay muchos libros que no sólo es que pueden, sino que realmente merecen que los tengas en segunda fila y te olvides de ellos hasta la próxima mudanza. Una doble fila de libros no resulta fea: los libros se han de conservar, pero no es necesario que todos estén a la vista. Siguiendo esta lógica, mételos en una caja de cartón y rentabiliza tu desván.

Si tienes realmente problemas de espacio, aparte de la doble fila, el mejor procedimiento para ahorrar sitio en tus estanterías es colocar los volúmenes horizontalmente, unos encima de otros. (Sí, porque si los pones horizontales, unos al lado de otros, ocupan más. Lo he comprobado.) Las ventajas de la horizontalidad apilante son varias: caben muchos más en cada balda, se deterioran menos y resulta más fácil leer sus títulos, que es en definitiva lo único que vas a leer de ellos.

Otra opción es hacer con ellos una capa en el suelo, digamos de un palmo o así, debajo de la moqueta. Te sorprenderá ver cuántos libros te quitas de en medio. Claro, que deberás hacerlo con cuidado, para que no haya altibajos en la superficie y los muebles no te queden ladeados. También te recomiendo que pongas un hule entre los libros y la moqueta, para protegerlos. Si no, tu perro, en un momento de apuro, puede orinarse encima de El rey Lear o de la Obra escogida de Raimundo Lulio. Este sistema presenta otras dos ventajas, aparte de hacer sitio: te evita comprarte puzzles y te disuade de la lectura, pues si se te ocurre leer algo, te dará pereza mover el armario y buscar el libro debajo.

En las estanterías debes aprovechar también el espacio. Emplea toda la estantería. No es elegante alternar una balda repleta de libros con otra en la que haya una dama con galgo y pamela, un recuerdo del Cabo de Gata o un manojo de zanahorias. Si haces la estantería a medida, usa toda la pared, hasta el techo. Un espacio vacío a los lados o encima no resulta bello ni práctico y sólo sirve para acumular polvo que te dará pereza limpiar.

Un consejo de estética: Los libros resultan decorativos, por lo que pueden estar en cualquier lugar del hogar sin desentonar ni dar impresión de desorden. Desechemos la idea de que sólo han de hallarse en sus estanterías o en la biblioteca. El lugar idóneo de un libro de recetas es el interior del frigorífico. La obra maestra de Wilde El retrato de Dorian Gray, por ejemplo, debe hallarse en el tocador, cerca de un espejo. Del asesinato concebido como una de las bellas artes, de Thomas de Quincey, puede colocarse en el cajón de los cuchillos. En cambio, puedes colocar 20.000 leguas de viaje submarino en la cisterna del inodoro para que ocupe sitio y ahorrar agua.

Los libros deben denotar naturalidad. No deben parecer algo extraño en el hogar. Es normal y yo me atrevería a decir que hasta elegante tenerlos junto al W.C. si de verdad los estamos leyendo. Por el contrario, un magnífico libro sobre las pirámides de Egipto en medio del pasillo no transmite credibilidad. Es obvio que está allí para impresionar a las visitas, puesto que no nos detenemos en medio del pasillo para leer cosas sobre los egipcios. Lo mismo sucede cuando tienes absolutamente todos los tomos de la Encyclopedia Britannica sobre la mesita de noche.

 

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